RAZÓN AUREA

11 septiembre 2006

José Franco, astrónomo sevillano del S. XVIII

FRAY JOSÉ FRANCO O.P.
UN ASTRÓNOMO EN LA SEVILLA DEL S.XVIII

Por Nicolás Fontanillas


No es ninguna novedad hablar, a estas alturas, del olvido que sufrían las ciencias experimentales, y en especial de la Astronomía y las Matemáticas, en el panorama científico español de los siglos diecisiete y dieciocho, precisamente cuando otros estados europeos habían experimentado un colosal avance, tanto en los aspectos teóricos como en los prácticos o tecnológicos.

Para algunos autores (1), la crisis arranca ya a mediados del siglo dieciséis, señalándose factores políticos y religiosos para las causas de este retraso a los que se añadirían las estructurales crisis económicas posteriores. En 1558, Felipe II promulga la orden que prohibe a los españoles estudiar o enseñar en universidades extranjeras. El resultado fue que en el llamado Siglo de Oro para nuestras letras y artes se produce un abandono total de las ciencias cosmológicas, con la excepción de las ciencias náuticas que, por razones obvias, tuvieron un marcado impulso en la España Moderna, e igualmente ocurre con algunas aportaciones en otros campos, como la óptica o la botánica. En el siglo dieciocho, el retraso era ya muy considerable, de forma que todavía, a mediados del siglo, las universidades estaban en manos de la iglesia; dominicos y jesuitas se repartían el monopolio de la enseñanza y, por otra parte, la mayoría de los libros de ciencias, especialmente los que trataban de temas cosmológicos, o se ajustaban plenamente al pensamiento aristotélico y escolástico o, automáticamente, pasaban a engrosar el índice de libros prohibidos.

Textos de ese tipo eran los que se enseñaban en algunas universidades científicas españolas, como el de Manuel Cedillo (2), de 1717, escrito para el Colegio de San Telmo de Sevilla, o el del mismo autor de 1745 (3), cuando ya era profesor de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz, donde incorpora tímidamente el sistema de precopernicano de Ticho Brahe. También este mismo año, se publica en Valencia la obra de Andrés Piquer (4), “Física moderna, racional y experimental” en la que, por primera vez que sepamos, se contempla en un texto español la teoría de Copérnico, con casi dos siglos y medio de retraso. Hasta 1784, F. Jacquier (5), -casi un siglo más tarde de la publicación de los “…principia matemática” de Newton-, no introduce en España la teoría de la Gravitación Universal, en un libro que se utilizó como texto en la Universidad sevillana, separada ya por entonces, del Colegio de Santa María de Jesús, gracias al plan de Olavide de 1771 (6).

Todo ello nos lleva a pensar que esta decadencia científica era especialmente palpable en Sevilla durante el S. XVIII, incluso más que en otras ciudades universitarias españolas, seguramente como consecuencia de la decadencia económica y demográfica que experimentó la ciudad en este periodo. La tradición de los estudios náuticos, tan importantes en la Sevilla del siglo dieciséis en el ámbito de la Casa de la Contratación, terminaron pasando a Cádiz donde la Academia de Guardiamarinas tomaría el relevo a la “Universidad de mareantes” sevillana y, de algún modo, al Real Colegio Seminario de San Telmo, creado éste en el último tercio del siglo XVII, cuando ya la base de la flota de Indias se había trasladado a Cádiz; no obstante, el Colegio de San Telmo era, para J. M. Cano (7), prácticamente, el único centro donde podían estudiarse Matemáticas, Geografía o Física. De hecho, según F. Aguilar (8), a mediados del siglo dieciocho, el Colegio de Santa María de Jesús -o sea, la Universidad sevillana- había quedado convertido en una institución para la formación de canonistas y médicos, y algo parecido podía decirse del Colegio de Santo Tomás de los dominicos o del de San Hermenegildo de los jesuitas.

Concretamente, desde el siglo XVIII hasta prácticamente la actualidad, la astronomía ha sido considerada meramente, como una rama de las matemáticas (9); figuras como las de los marinos Antonio de Ulloa y Jorge Juan aparecen, en cierto modo, como excepción en este desierto panorama; de ellos se suele destacar, en obras de carácter general (10), la participación de ambos en la expedición francesa al Perú para la medición de un grado del meridiano que, junto a las efectuadas en las latitudes de París y Laponia, pretendía calcular con precisión la forma del esferoide terrestre, la cual era una cuestión que ocupó a los astrónomos desde que Newton la formulara teóricamente. La Academia de Ciencias de Francia patrocinó la expedición destacando al Perú a un grupo de astrónomos encabezados por Charles Marie de la Condomine, en 1735. Allí se encontraban también Antonio de Ulloa y Jorge Juan con la misión, a su vez, de determinar el meridiano de demarcación que dividía las tierras de Portugal y las de la Corona de Española, antiguo asunto en litigio. Quizá fuera coincidencia más que otra cosa el hecho de que la expedición francesa se reuniera con la española, aún siendo evidente la utilidad que pudo tener para ambas expediciones este contacto, y especialmente para la de los marinos españoles (11); dicho todo ello sin menoscabo para la labor que éstos realizaron y que queda patente, tanto en sus obras, como en los diversos estudios realizados sobre sus trabajos (12).

En este desolador panorama llama poderosamente la atención la personalidad del padre dominico, afecto al sevillano Real Convento de San Pablo, Fray José Franco, profesor de astronomía en el Colegio de Santa María de Jesús –como ya hemos dicho, la institucion precursora de la Universidad Hispalense de hoy día-, quien ilustra todo ello en una curiosa carta que, en 1754, dirige al director de la Academia de los Guardias de Marina de Cádiz, D. Luis Gaudín, que se conserva en Archivo Municipal de Sevilla (13). Resulta que, dicho sea de paso, este Luis Gaudín –o Godín -es uno de los astrónomos franceses que acompañó a La Condomine en la mencionada expedición francesa al Perú, lo cual, de alguna forma, constata el sucursalismo que en esta y otras materias, imponía Francia sobre España y otros países europeos, dentro del marco histórico de la Ilustración (14).

Se lamenta Fr, José Franco en la mencionada carta –cito textualmente- del “menosprecio a que estaba condenada la astronomía y la matemática en España con respecto a otras vulgarísimas ciencias como la jurisprudencia, la medicina y la teología” (15), así como la poca originalidad de las obras publicadas en nuestro país,a las que ya nos hemos referido, de las que solamente y en el mejor de los casos, se reseñaban los títulos en los diarios de las academias de ciencias europeas al no encontrar nada de novedad entre sus páginas (16).

Los amplios conocimientos de J. Franco dentro de la ciencia astronómica del siglo XVIII -basados en el cálculo y la observación- le llevó a que fuera designado como coordinador de las observaciones de la ocultación de la estrella Régulus por la Luna el 23 de Marzo de 1747, resumiendo en un trabajo las observaciones efectuadas simultáneamente en Madrid, Londres, París, Bolonia, Roma y Praga; también formuló con gran precisión, las predicciones de los eclipses de 1748, 1750 y 1753 (17). De entre sus trabajos publicados destaca uno referente a la observación del eclipse de Luna del 2 de Noviembre de 1743, impreso en Sevilla (18).

Volviendo a la mencionada carta, continua J. Franco lamentándose de las muchas dificultades que encuentra para la investigación astronómica y de lo poco y mal que entienden a Newton muchos científicos de su tiempo; también se avergüenza nuestro fraile de los terribles yerros en que caen algunos autores españoles que publican tablas para el ajuste de horas (19) sin tomar en cuenta la refracción atmosférica, fenómeno conocido desde la antigüedad aunque no fuera evaluado hasta finales del siglo XVII; (todavía un siglo más tarde, y especialmente referido al grado de humedad y la temperatura de la atmósfera, Augusto Comte considera que no había sido suficientemente estudiado (20)). Todo ello, según José Franco, tiene una gran importancia –aparte de la puramente astronómica- relacionada con “el gran daño que puede ocasionar el error cronométrico de la medianoche obtenida por tan falaces tablas para asuntos como el ayuno, la abstinencia y las comuniones”, que cómo los más viejos recordarán, regían desde la media noche anterior.

Y es en estos comentarios donde se nos revela la otra cara de este fraile de la Orden de Predicadores –tan identificada con el Santo Oficio- pues nos resulta difícil imaginar cómo, en una misma persona, podían convivir juntos el científico y el predicador dominico. En este sentido y a título anecdótico, Fray José Franco dice haber demostrado, que Jesús de Nazaret murió un 25 de Marzo, (21) y, por otro lado, aplicando la precesión de los equinocios a los datos bíblicos, atribuye al Mundo la edad de 6.950 años exactamente; redactado en el más delicioso estilo escolástico de la Orden de Santo Domingo (22).

Sin duda este personaje tan pintoresco merece un más profundo estudio que, de paso, contribuirìa a completar nuestro conocimiento sobre el estado de las ciencias puras durante el S. XVIII sevillano.


Sevilla, verano de 2006.





Nota bibliográfica.

1. J. M. Cano Pavón, La ciencia en Sevilla (siglos XVI-XX), Sevilla, 1993.
2. P. M: Cedillo, Compendio del arte de la navegación, Sevilla, 1717.
3. P. M. Cedillo, Tratado de Cosmografía y Náutica, Cádiz. 1745.
4. A. Piquer, Física moderna, racional y experimental, Valencia, 1745.
5. F. Jacquier, Instituciones Philosophicae ad studia theologica potissimun accommodator, Valencia, 1784.
6. P. de Olavide, Plan de estudios para la Universidad de Sevilla (edición de F. Aguilar Piñal), Barcelona, 1969.
7. J. M. Cano Pavón, O.C.
8. F. Aguilar Piñal, Historia de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1991.
9. J. Franco, Época de la creación del Mundo…, Sevilla, 1751, Archivo Municipal de Sevilla A. M. S., sección 11 en cuartos, tomo 17, nº 36.
10. A. T. Arcimis, El Telescopio Moderno, tomo 2, Barcelona, 1879.
J. Comas Solá, Astronomía, Barcelona, 1965.
11. Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Disertación histórico y geográfica…, Madrid, 1749.
12. A. Giner, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Revista General de Marina, Madrid, 1949.
13. A. M. S. Papeles del Conde del Águila, tomo 46, en folios.
14. Todavía en 1780, tenemos en la Escuela de Matemáticas de la Sociedad
Económica de Sevilla a don Pedro Henry, también francés, (A.M.S., Papeles del Conde del Águila, tomo5, en cuartos, nº 23), si bien es verdad, en el mismo archivo y sección, en el tomo 61, en folios, nº 45, nos encontramos una Real Orden de 1727, concediendo S. M. facultad para enseñar matemáticas en el Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino, de Sevilla a F. Pedro Vázquez Tinoco.
Parece que los resultados de la mencionada escuela fueron aceptables, contando entre sus alumnos a Alberto Lista. (F. Aguilar Piñal, Alberto Lista, estudiante de matemáticas, Sevilla, 1961.
15. Se entiende que el calificativo de vulgarísimas no lo emplea J. Franco en sentido peyorativo.
16. En concreto hace referencia a las academias de París y Trevoux.
17. A.M.S. Papeles del Conde del Águila, tomo 46, en folios, nº 48.
18. J. Franco, Lunaris eclipsis observatio, Sevilla, 1744. Existe un ejemplar en el A.M.S., sección 11, tomo 46, folio nº 48.
19. Se trata, según refiere J. Franco en su carta, a la Tabla de los ortos y ocasos del Sol para el meridiano de Cádiz para el ajuste de los relojes de ruedas en cualquiera día del año…, por D. Antonio Taveau y Quesada.
20. Augusto Comte, Traité Philosophique d’Astronomie Populaire, Paris, 1844; 2ªparte, capítulo 2º.
21. Carta citada.
22. J. Franco, Epoca de la Creación del Mundo…, 1751, A.M.S., Papeles del Conde del Águila, sección 11 en cuartos, tomo 17, nº 36.

4 Comments:

At 13 de septiembre de 2006, 10:13, Blogger Francisco Aguilar Piñal said...

Querido Nicolás: Gracias por citarme en tu bitácora sobre José Franco, que he leido por indicación de José Luis.
Aunuqe no lo citas supongo que habrás consultado el tomo III de mi "Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII", donde aparece el dominico Franco con 8 entradas. Además de lo que se conserva en el Archivo municipal hay un texto interesante sobre los relojes en la Biblioteca Colombina.
Totalmente de acuerdo con lo que dices sobre las ciencias en Sevilla (como lo hizo Cano Pavón) pero hay que insistir en que la universidad de Sta. M. de Jesús era en realidad un seminario, como diríamos hoy, donde lo más importante era la teología.
Por otra parte, Alberto Lista no estudió matemáticas con los dominicos sino en el Seminario de Mareantes (San Telmo) que tenía los mejores profesores técnicos y matemáticos de Sevilla.

No sabía que eras pintor de "brocha fina"y que persigues la armonía representada por la "sección áurea". Si quieres escribirme, José Luis te dará mi e-mail. Para escribir estos comentarios he tenido que darme de alta en e-blogger. Un abrazo, Francisco Aguilar Piñal.

 
At 13 de septiembre de 2006, 15:36, Blogger nicolas said...

Es para mi un honor que Francisco Aguilar Piñal, una autoridad en esta materia, le dedique un comentario a mi entrada sobre José Franco y formule sus sabias correcciones de las que tomo buena nota...

 
At 22 de septiembre de 2006, 12:30, Blogger María Reyes said...

Pues para mi, Nicolás, es una delicia leerte... con tus escritos documentados, ágiles y finamente irónicos, disfruto una barbaridad. Espero que no dejes para muy tarde esa otra "entrega" sobre el dominico-científico. ¡Curioso personaje!....

 
At 22 de septiembre de 2006, 15:39, Blogger nicolas said...

María Reyes, gracias por tu comentario.
La verdad es que hice este trabajito hace ya algunos años pero me gustaría retomar la investigación. Los documentos que se conservan en el Archivo Municipal son interesantísimos y contienen mucha información sobre los eclipses que J. Franco observó y estudió. Ten en cuenta que, hoy día, con programas como "starry night", se puede reproducir cualquier fenómeno astronómico de cualquier época y contrastarla con la documentación de su tiempo.

 

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